Cuarto, quinto y sexto ejemplos: juramento, venganza y amor



33"También habéis oído que se dijo a los antiguos: 'No jurarás en vano, sino que cumplirás los mandamientos que hayas hecho al Señor'. 34Pero yo os digo: no juréis de ningún modo; ni por el cielo, porque es el "trono de Dios"; 35ni por la tierra, porque "es el estrado de sus pies"; ni por Jerusalén, porque es la "ciudad del Gran Rey". 36Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes volver blanco o negro ni un solo cabello. 37Que vuestro modo de hablar sea: "Si, si"; "no, no". Lo que exceda de esto viene del Maligno.
38Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente". 39Pero yo os digo: no repliquéis al malvado; por el contrario, si alguien te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la otra. 40Al que quiera entrar en pleito contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto. 41A quien te fuerce a andar una milla, vete con él dos. 42A quien te pida, dale; y no rehúyas al que quiera de ti algo prestado.
43"Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y odiarás a tu enemigo. 44Pero yo os digo:  amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan, 45para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos y pecadores. 46Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen eso también los publicanos? 47Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso también los paganos? 48Por eso, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto". (MATEO 5, 33-48)


5, 33    No juararás en vano

LA FE NO NECESITA JURAMENTO. La ley había establecido un castigo para el que juraba en vano, con el fin de que el respeto al juramento pusiese freno a la intención de engañar, y al mismo tiempo para que el pueblo, rudo y desvergonzado, nombrase con frecuencia el nombre de Dios en su manera habitual de hacer juramentos. Pero la fe elimina la costumbre frecuente de jurar. Establece la actividad de nuestra vida en la verdad y, rechazando la inclinación a mentir, prescribe la lealtad tanto en el hablar como en el escuchar... Por tanto, los que viven en la sencillez de la fe no necesitan hacer uso del juramento. Con tales personas lo que es, siempre es, y lo que no es, no es, pues todas sus palabras y sus acciones permanecen en la verdad. HILARIO DE POITIERS, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 23.

5, 37    Vuestro modo de hablar

BASTA UN SIMPLE SI O NO. Tampoco aquí está permitido jurar por nuestra cabeza por admiración al hombre, pues en este caso también habría que adorar al mismo hombre. No, aquí refiere también la gloria de Dios y nos hace ver que no somos los dueños de nosotros mismos, y por eso, tampoco de jurar por los cabellos de nuestra cabeza. Y lo mismo que no existe nadie que entregue a otro su propio hijo, así tampoco nos va a entregar Dios su propia obra. Porque si, tu cabeza la tienes tú; pero es propiedad de otro. Y tan lejos estás de ser dueño de ella, que no puedes hacer en ella la más mínima cosa. Porque si el Señor dijo que no eres capaz de producir un cabello, mucho menos de cambiar una cualidad suya...
¿Qué es, pues, lo que excede del si y del no? El juramento, no el perjurio. Éste, en efecto, todo el mundo conviene y a nadie hace falta enseñarle que viene del maligno. Por otra parte no sólo excede del si o del no, sino que le es contrario. Lo que excede es lo que se pone de más y por redundancia, como es el juramento.
¿Cómo, pues, procedía del maligno? -me dirás-. Y si de él procedía, ¿cómo es que lo mandaba la ley? Lo mismo podías preguntar sobre el repudio de la mujer: ¿Cómo es que ahora se considera adulterio lo que antes estaba permitido? ¿Qué cabe responder a eso? Pues que lo que entonces Dios mandó a los hombres respondía a la debilidad de los mismos que recibían sus leyes. También era indigno -y muy indigno- de Dios que se le diera culto con grasa de animales, como es indigno de un filósofo el balbucir. Así pues, repudiar a la mujer se reputa ahora adulterio; ahora se tiene por cosa del maligno el juramento, pero es porque se nos exige mayor virtud. Mas si de suyo hubieran procedido del maligno aquellas leyes, no hubieran producido este buen resultado. Porque, a la verdad, si la antigua ley no le hubiera precedido, no se hubiera aceptado con tanta facilidad la nueva.
No busques, pues, la virtud de unas leyes en el momento en que ha pasado ya su utilidad. Búscala cuando el tiempo las exigía. O más bien, si te empeñas también ahora. Porque también ahora se ve la virtud de ellas, y por el hecho señaladamente de ser ahora atacadas. Justamente su mayor elogio es que ahora parezcan imperfectas, pues, si ellas no nos hubieran criado muy bien a su pecho y nos hubieran preparado para recibir otras más altas, no nos parecerían ahora tales.
Es como pecho de la madre, que, una vez totalmente cumplida su función, cuando ya ha dispuesto al niño para más fuerte alimento, aparece inútil, y los mismos padres, que primero lo tenían por tan necesario para el niño, ahora lo apartan de él con mil burlas. Y muchos hay que no los apartan solo con palabras, sino que lo untan con materias amargas. Así, si no bastan las palabras para quitarle al niño las ganas de volver al pecho, se las quita la experiencia misma. De este modo también Cristo, al decir que lo que excede del si o del no procede del maligno, no quiso afirmar que la antigua ley provenga del diablo, sino que trata de arrancar a todo trance a sus oyentes de la antigua bajeza. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 17, 5-6 

5, 38    Ojo por ojo

NO DEVOLVER MAL POR MAL. Una ley que prescribe "ojo por ojo, diente por diente", tiene este fundamento: cada uno perdonará a otro en la medida que teme por sus propios miembros. Y con ello, nadie se considera malo. Pero ¡ay del mundo por los escándalos! Mientras vivamos en este mundo donde el diablo tiene su gobierno es necesario que existan los maledicientes, los que golpean y los que persiguen. Si nosotros empezamos, según el mandato de la ley, a devolver mal por mal a todos, nosotros nos volveríamos malos, el fundamento de la ley sería disuelto y ¿cuál sería el resultado? Que mientras la ley quiere hacer buenos a los malos, los buenos se vuelven malos. Si por el contrario, siguiendo el mandamiento de Cristo, nosotros resistimos al mal, entonces, aunque los malos se dañen, los buenos permanecerán buenos. Así, por el mandamiento de Cristo, el mandamiento de la ley se cumple. Quien cumple el mandamiento de la ley no puede al mismo tiempo cumplir el de Cristo. Pero quien cumple el mandamiento de Cristo al mismo tiempo cumple el de la ley. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 12. 

5, 39     Preséntale también la otra

OFRECER LA OTRA MEJILLA. Jesús no habla sólo del sufrimiento cuando añade lo de poner la otra mejilla. Pues va en contra de la naturaleza ser soberbio y golpear a otro. En consecuencia, el que está preparado para precipitarse para la defensa sobre la fe de su interior no se resistirá al malicioso. El significado espiritual es el siguiente: al que le golpea en la mejilla derecha, esto es, las doctrinas racionales, el creyente le ofrecerá también las éticas, avergonzándole y haciéndole cesar en su acusación, y el progreso de las cosas divinas escandalizará a los que no consideran la palabra. ORÍGENES, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 108.

EL OLVIDO DE LAS INJURIAS SERÁ PRUEBA EN EL JUICIO FUTURO. El Señor pretende que la enseñanza de nuestra fe esté orientada hacia la eternidad, probada por los hechos mismos, de manera que la misma paciencia en olvidar las injurias conlleve en sí misma la prueba en el juicio futuro. La ley mantenía a Israel infiel en el temor y reprimía la inclinación a la ofensa con el contrapeso de otra ofensa. En cambio la fe no permite que el resentimiento por una ofensa sea tan grande como el de solicitar la venganza... En efecto, en el juicio de Dios hay consuelo mayor para aquellos que sufren la ofensa y un castigo más severo para quienes la cometen. Así los Evangelios no sólo nos mandan abstenernos de cometer un mal, sino que incluso buscan olvidar la ofensa y no la venganza. Se nos manda poner la otra mejilla cuando uno sea abofeteado... También el Señor de los poderes celestes ofreció sus mejillas a los puñetazos y sus espaldas a los latigazos; con ello aumentó su gloria. HILARIO DE POITIERS, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 25.

NO ENFRENTARSE AL MAL. Pero yo os digo: "No resistir al maligno". No dijo: "No resistir al hermano", sino "al maligno". Con lo que nos dio el Señor a entender que, si nuestro hermano comete esa falta, es porque el demonio le instiga, y, al trasladar la culpa a otro, trata de mitigar y cortar la mayor parte de ira contra el que materialmente ha obrado.
¿Cómo? ¿Es que no hemos de resistir -me dices- al maligno? Ciertamente, hemos de resistirle; pero no de ese modo. Hemos de resistirle como Él nos lo ha mandado: entregándonos a padecer. De este modo la victoria es infalible. El fuego no se extingue con fuego, sino con agua. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 18, 1. 

5, 40    Déjale también el manto

NO BUSCAR PLEITOS. Pues después de tolerar la injuria corporal quiere el Señor que tengamos también desprecio por las cosas del mundo; y estar hasta tal punto apartados de todo litigio y pleito judicial, que, si acaso aparece un calumniador y tentador que mueve un pleito contra nosotros para comprobar nuestra fe, queriendo quitarnos lo nuestro, el Señor, nos manda ofrecerle de propia iniciativa no sólo aquello que busca injustamente, sino también lo que no pide. CROMACIO DE AQUILEYA, Comentario al Ev. de Mateo, 25, 2, 1.

EL MANTO DE JOSÉ. Así como José dejó su manto en mano de la prostituta y huyó con un manto mejor, el de la castidad, así arroja tú el manto en manos de los calumniadores y huye con una capa mejor, la de la justicia. Si no, mientras quieres reclamar los vestidos de tu cuerpo, puedes despilfarrar el más precioso vestido, el del alma. Pero si los infieles ven que tú, un cristiano, ante las injurias respondes con injurias mayores hasta la perdición del alma, ¿cómo van acreer en la verdad de la esperanza del reino de los cielos que los cristianos predican? Fácilmente desprecian las cosas terrenas quienes esperan las celestiales. Mas quienes se abrazan con insistencia a las cosas terrenas, dudo si creen firmemente en las promesas celestiales. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 12.

5, 41    Vete con él dos

LA SEGUNDA MILLA. ¡Mirad qué extremo de filosofía! Porque si aun después de darle el manto y la túnica nuestro enemigo quiere valerse de nuestra propia persona sin vestidos, para fatigas y trabajos, ni aun en ese caso hay que impedírselo -nos dice el Señor-. Quiere que todo lo poseamos en común; no sólo nuestras riquezas, sino también nuestros cuerpos, para poner aquéllas a disposición de los necesitados y los otros a disposición de quienes nos insultan. Lo uno es acto de misericordia, lo otro de valor. De ahí que diga: "Si alguien te solicita para andar una milla, ve con él dos". Lo cual es levantarnos más alto y mandarnos mostrar la misma liberalidad que antes. Ahora bien, si lo que dijo al principio de su discurso, con ser muy inferior a lo que nos manda ahora, tan grandes bienaventuranzas merece, considerad la suerte que está reservada a quienes estas obras practican y, antes de la recompensa eterna, pensad cómo han de ser quienes, en cuerpo humano y pasible, realizan la impasibilidad más completa. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 18, 3. 

5, 42    A quien te pida, dale 

DAR LIMOSNAS CON GENEROSIDAD. Si entendemos esto sólo referido a la limosna, no se podrá cumplir cuando los pobres sean nuemerosos. Así los ricos, si dieran siempre, no podrían seguir dando siempre. Después de haber señalado el valor de la limosna, da preceptos a los apóstoles y doctores, a saber, que den gratuitamente lo que gratuitamente han recibido. Esta clase de riqueza nunca se agota; por el contrario, cuanto más se distribuye, más se multiplica, y aunque el agua de la fuente riegue los campos que están a sus pies, nunca se seca. JERÓNIMO, Comentario al Ev. de Mateo, 1, 5, 42.

5, 44    Amad a vuestros enemigos

CRISTO NO MANDA IMPOSIBLES. La Ley del Señor trasciende la ley natural y la ley divina, me refiero a la de Moisés. "Pues las cosas que son imposibles para los hombres, son posibles para Dios". Pero Cristo no legisla cosas imposibles, como lo demostró Esteban en el momento del martirio, doblando las rodillas y suplicando por aquellos que le apedreaban; del mismo modo también Pablo, que tanto sufrió de parte de los judíos y que pedía por ellos. La no frecuencia de tales hechos muestra que no son imposibles; sin embargo, muchos no tienen éxito por no ejercitar la virtud hasta la cima. TEODORO DE HERACLEA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 40.

REZAR POR LOS QUE NOS PERSIGUEN. Porque no nos mandó simplemente amar a quienes nos aborrecen, sino también rogar por ellos. ¡Mirad por cuántos escalones ha ido subiendo y cómo ha terminado por colocarnos en la cúspide de la virtud! Contémoslos de abajo a arriba. El primer escalón es que no hagamos por nuestra cuenta mal a nadie. El segundo, que si a nosotros se nos hace, no devolvamos mal por mal. El tercero, no hacer a quien nos haya perjudicado lo mismo que a nosotros se nos hizo. El cuarto, ofrecerse uno mismo para sufrir. El quinto, dar más que lo que el ofensor pide de nosotros. El sexto, no aborrecer a quien todo eso hace. El séptimo, amarlo. El octavo, hacerle beneficios. El noveno, rogar a Dios por él. ¡He aquí una cima filosófica! De aquí también el espléndido premio que se le promete. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 18, 44.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
NUEVO TESTAMENTO; v. 1a; pp. 170-179
 Obra preparada por
MANLIO SIMONETTI
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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Segundo y tercer ejemplos: lujuria, adulterio y divorcio



27Habéis oído que se dijo: "No cometerás adulterio". 28Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer desándola, ya cometió adulterio en su corazón. 29Si tu ojo derecho te escandaliza, arráncatelo y tíralo; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. 30Y si tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala lejos de ti; porque más te vale que se pierda uno de tus miembros que no que todo tu cuerpo acabe en el infierno.
31"Se dijo también: "Cualquiera que repudie a su mujer, que le dé el libelo de repudio". 32Pero yo os digo que todo el que repudia a su mujer -excepto en caso de fornicación- la expone a cometer a dulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio. ( MATEO 5, 27-32 )

5, 27-28    No cometerás adulterio

EL ADULTERIO. Porque no dijo absolutamente: "El que codicie..." -aun habitando en las montañas se puede sentir la codicia o concupiscencia-, sino: "El que mire a una mujer para codiciarla". Es decir, el que busca excitar su deseo, el que sin necesidad alguna mete a esta fiera en su alma, hasta entonces tranquila. Esto ya no es obra de la naturaleza, sino efecto de desidia y tibeza. Esto hasta la antigua ley lo reprueba de siempre cuando se dice: "No te detengas a mirar la belleza ajena". Y no digas: ¿Y qué si me detengo a mirar y no soy prendido? No. También esa mirada la castiga el Señor, no sea que fiándote de esa seguridad, vengas a caer en el pecado. ¿Y qué si miro -me dirás- y tengo, sí, deseo, pero nada malo hago? Pues aún así estás entre los adúlteros. Lo dijo el legislador, y no hay que averiguar más. Mirando así una, dos y hasta tres veces, pudiera ser que contengas; pero si lo haces continuadamente, y así enciendes el horno, absolutamente seguro que serás atrapado, pues no estás tú por encima de la naturaleza humana. Nosotros, si vemos a un niño que juega con una espada, aun cuando no lo veamos ya herido, lo castigamos y le prohibimos que la vuelva a tocar más. Así también Dios, aun antes de la obra, nos prohíbe la mirada que pueda conducirnos a la obra. Porque el que una vez ha encendido el fuego, aun en ausencia de la mujer que lascivamente ha mirado, se forja mil imágenes de cosas vergonzosas, y de la imagen pasa muchas veces a la obra. De ahí que Cristo elimina incluso el abrazo que se da con sólo el corazón. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 17, 2.

EL MANDATO DE DIOS SE DIRIGE AL ALMA OBEDIENTE. Hay quienes no cuidan mucho su alma y no juzgan a su corazón; quienes se encolerizan con su prójimo sin causa alguna y no piensan que han pecado ni piensan que es pecado sólo el desear a la mujer ajena porque no han cedido a su concupiscencia. Pero es un gran pecado ante los que temen a Dios y juzgan su corazón con profundidad. Y es un gran pecado ante Dios, quien mira no sólo las acciones del hombre, sino también su corazón. Con este mandamiento no deroga la ley; por el contrario, le da cumplimiento, y sin el mandamiento del Señor la ley sería insostenible.
Cada acto de adulterio nace de la concupiscencia. Por tanto, ¿cómo va a ser frenado el adulterio bajo el mandamiento de la ley si no se condena la concupiscencia según el mandamiento de Cristo? Un asesino a los ojos de Dios es aquel que considera la acción más que la intención. Pues así como la ira es la madre del homicidio, la concupiscencia es la madre del adulterio. Consecuentemente, quien se enfada con su hermano sin causa, lo ha matado ya en su corazón, aunque no se lleve a cabo el homicidio. Y el hombre que desea a la mujer del prójimo, ya a adulterado con ella en su corazón, aunque no haya tenido relación con ella por falta de ocasión. Es ya un adulterio a los ojos de Dios quien considera más el deseo que el hecho. Porque el acto manifiesto del adulterio puede faltar pero no la intención.
Incluso aquellos que son desconocedores de los profundos misterios de la naturaleza humana pueden coincidir en esto: toda naturaleza carnal está sujeta a estas pasiones. Nadie, ni siquiera los santos, pueden apartar totalemente la tentación de la ira o de la concupiscencia. Ellos imaginan que Cristo, al ordenar una cosa imposible, siembra ocasiones de ofensa y dispone el terreno para el castigo.
Esto nos lleva a establecer una división entre los deseos del alma y del cuerpo. Nostros tenemos dentro dos naturalezas: la carnal y la espiritual. Y a la vez tenemos dos voluntades, la del alma y la de la carne. Podemos decir también que tenemos dos iras, la ira del alma y la ira de la carne. De forma similar podemos decir que tenemos un deseo del alma y uno de la carne. La carne puede ser atrapada por la ira y sentir el deseo desordenado, y no puede librarse de esta tendencia porque no ha sido creada con albedrío; o mejor, ahora no es libre, como fue creada, sino que está bajo la ley del pecado. En efecto, la carne ha sido vendida a la esclavitud del pecado. Es por lo que el Apóstol dice: "La sabiduría de la carne es enemiga de Dios, pues no está sometida a la ley de Dios ni es posible que lo esté". El alma, por el contrario, ha sido creada con albedrío según la justicia de la ley de Dios. Por este motivo el alma puede no airarse si no quiere, y no dejarse llevar por la concupiscencia, si así lo desea. Cuando nosotros nos enfurecemos y sentimos la fuerza de la concupiscencia, si nos entristecemos y enseguida reprimimos la ira y el mal deseo, está claro que es sólo nuestra carne la que se aíra o desea desordenadamente, pero no nuestra alma. Pero si nos complacemos en esas cosas y nos decidimos a abrir un resquicio a un poco de ira o a la concupiscencia que sentimos, entonces nuestra alma se enfada y tiene malos deseos, al mismo tiempo que la carne. Por tanto, desde que Dios sabe que la naturaleza de la carne no está sujeta a Él, no ordena a la carne tales cosas, como si estuviera sola. ¿Qué persona inteligente ordena algo a alguien que, a pesar de su buena intención, es incapaz de obedecer? Mas bien Dios habla al alma, que puede obedecer en todo y que, a pesar de la carne irascible y concupiscible, puede no airarse y no ser consumida por la concupiscencia. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 12.

5, 29    Adulterio en su corazón

LO ESENCIAL DE LA HIPÉRBOLE. Él habla de los miembros del cuerpo de forma hiperbólica, no como si uno debiese arrancar los miembros, sino que está llamado a mortificarlos y a volverlos inoperantes para el mal, como dice el Apóstol; y a no ser condescendiente con ellos ni siquiera en las cosas más necesarias, si hay peligro de que a través de ellas se origine una energía malvada. APOLINAR DE LAODICEA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 23.

5, 30    Más te vale que se pierda uno de tus miembros

RECHAZAR LOS MALOS CONSEJOS. En esta cuestión nada me parece más congruente que decir que el ojo significa el amigo muy amado, pues ciertamente podemos muy bien llamarlo miembro nuestro, y miembro que amamos intensamente; y él es el consejero que como ojo nos muestra el camino, y consejero en las cosas divinas, porque es nuestro ojo derecho. El ojo izquierdo, en cambio, es consejero muy estimado, pero en las cosas terrenas pertenecientes a las cosas de la vida: de él es superfluo hablar cuando es ocasión de pecado, porque ni siquiera al derecho se ha de perdonar estos casos. El consejero nos escandaliza en las cosas divinas si con el nombre de religión y doctrina procura inducirnos a alguna herejía perniciosa. Luego también por la mano derecha podemos entender un ministro y cooperador amado en nuestras obras santas. Así pues, como el ojo representa la contemplación, la mano representa la acción. De este modo la mano izquierda representa las obras que son necesarias a esta vida y al cuerpo. AGUSTÍN, Sermón del Señor en la Montaña, 1, 13, 38.

LA MANO DERECHA REFERIDA AL ALMA. Yo creo que todas estas cosas [la mano, el ojo y el pie] se han dicho refiriéndose al alma, como apuntamos anteriormente. Él habla del ojo del alma, es decir, de la mente, mediante la cual el alma ve. Y así dice en otro lugar: "Si tu ojo está sano todo tu cuerpo será iluminado". Este ojo carnal no es un ojo sino un espejo de tu ojo interior, la mente. El cuerpo tiene su mente, como también tiene su alma, según testificó el Apóstol hablando de la mente del alma: "Yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne, a la ley del pecado". Y sobre la mente del cuerpo dice: "Hinchado vanamente de su carne y sin estar unido a la cabeza". Y lo mismo de la mano y del pie. La mano derecha del hombre es el deseo del alma; la mano izquierda, por el contrario,  es el deseo del cuerpo. Esta mano corporal no es una mano, sino un instrumento de esa mano. A menos que la voluntad -buena o mala- quiera moverla, no se moverá en absoluto. Por tanto, la mano derecha del hombre es el deseo de su alma, y la izquierda el del cuerpo. La parte reservada del alma se llama derecha y la reservada al cuerpo, izquierda. El alma fue creada libre, con la facultad para el bien y el mal; y también fue creada bajo la ley de la justicia, para que rectamente vea, escuche y actúe. La parte reservada al cuerpo se llama izquierda porque la carne no fue creada en posesión de su libertad, de forma que pueda tender al bien o al mal, sino que está inclinada al mal por la ley del pecado, y no puede ver, escuchar o hacer lo que es recto. Así, todos los antos han sido llamados "diestros", pero los pecadores "siniestros". ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 12.

5, 31    El libelo de repudio

CUATRO INJUSTICIAS SE COMETE A LA VEZ EN UN DIVORCIO. Cuando Él habla sobre uno que se enfada sin motivo y se consume de lujuria, hábilmente está introduciendo el mandamiento sobre el no repudiar a la esposa. Pues si uno que se enfada con su hermano sin una causa está sujeto a juicio, ¿cómo no va a estar sujeto a juicio quien aborrece a su esposa y la abandona sin que haya cometido ésta el pecado de fornicación? Y tú dices: es que mi esposa tiene muchos defectos. ¿Y qué? ¿Acaso tú no los tienes? Si debemos sobrellevar las debilidades de los extraños, en consecuencia con lo del Apóstol: "Llevad unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo", ¿cuánto más no debemos llevar las de la esposa? Si un hombre que mira con lujuria a una mujer comete ya adulterio en su corazón, ¿quién no será condenado por adulterio si abandona a su mujer, dándole ocasión de cometer adulterio con otro, y otro con ella? Un cristiano no sólo no debe deshonrarse, sino tampoco dar a otros ocasión de deshonrarse. Así, sus crímenes redundan en pecado para él y para otros, para los que llega a ser causa de pecado. Observa también que, quien según la ley da un libelo de repudio, comete cuatro injusticias al mismo tiempo. Primero, que a los ojos de Dios ya es un homicida. Segundo, que abandona a su mujer sin causa de fornicación. Tercero, que adultera con otra. Cuarto, que si la toma de nuevo, también comete adulterio. Mas ninguna de esas injusticias se realizan cuando se sigue el mandamiento de Cristo. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 12.

5, 32    El que se casa con la repudiada comete adulterio

NO DAR OCASIÓN AL ADULTERIO. El que es manso, pacífico, pobre de espíritu y misericordioso, ¿cómo imaginar que eche de casa a su mujer? El que a otros pone en paz, ¿cómo estará él en discordia con su propia mujer?... Porque el que no mirare con ojos impúdicos a mujer ajena, tampoco cometerá adulterio; y, no cometiendo adulterio, tampoco dará ocasión al hombre para que repudie a su mujer. De ahí que el Señor tensa sin miedo los lazos de la ley y pone como una muralla de temor, haciéndole sentir al hombre su peligro si repudia a su mujer, pues lo hace culpable del adulterio que ella pudiera cometer. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 17, 4. 



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
NUEVO TESTAMENTO; v. 1a; pp. 164-170
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MANLIO SIMONETTI
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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El nuevo espíritu y la ley antigua


17No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos sino a darles plenitud. 18En verdad os digo que mientras no pasen el cielo y la tierra, de la Ley no pasará ni la más pequeña letra o trazo hasta que todo se cumpla. 19Así, el que quebrante uno sólo de estos mandamientos, incluso de los más pequeños, y enseñe a los hombres a hacer lo mismo, será el más pequeño en el Reino de los Cielos. Por el contrario, el que los cumpla y enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. 20Os digo, pues, que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos". ( MATEO 5, 17-20 )

5, 17    No he venido a abolir la Ley o los profetas

CUMPLIR EL MENOR DE LOS MANDAMIENTOS. Si es una impiedad deshacer los mandamientos más pequeños, mucho más lo será [deshacer] los grandes y mayores. Por lo que el mismo Espíritu Santo declara por Salomón: "El que desprecia lo pequeño se precipita poco a poco".
Y por eso no hay que desautorizar ninguno de los preceptos divinos, nada hay que mutilar, sino conservar y enseñar la totalidad con espíritu fiel y sumiso para que no perdamos la gloria del reino celeste; porque lo que según el juicio de los infieles y los hombres del mundo es considerado ínfimo y pequeño, no es pequeño para Dios, sino necesario. Y el Señor muestra que quien los enseñe y lleve a cabo va a ser grande en el reino de los cielos. Por eso no sólo hay que trabajar con palabras, sino también con obras; no sólo enseñar, sino hacer lo que has enseñado. CROMACIO DE AQUILEYA, Comentario al Ev. de Mateo, 20, 2, 1-3

NO ABOLIR. Por dos razones dice el Señor que Él no ha venido a abolir la ley sino a darle cumplimiento. Primero porque debía persuadir a sus discípulos, a los que había instruido a que le imitaran en todas sus buenas obras, para que con sus palabras pudieran seguir su ejemplo. Y así como el cumplía toda la ley, así también ellos debían cumplir celosamente incluso la más pequeña parte de la ley. Segundo: como Jesús trabajó en sábado y curó a leprosos y otros judíos le acusaban de que quería abolir la ley -o al menos, eso parecía-, necesitaba responder a estas falsas imputaciones, por lo que dijo: "No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas. No he venido a abolirla sino a darle cumplimiento". Las dos cosas, la ley y los profetas, están en vigor. Profetizan de Cristo y constituyen la ley de vida. Y Cristo dio cumplimiento a una y otra cosa. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 10.

5, 18    De la Ley no pasará ni la más pequeña letra

LA "COMA". Pero "una coma" no es sólo la iota de los griegos, sino también lo que entre los hebreos se llama yod. Y Jesús puede ser llamado simbólicamente "una iota" o "una coma", pues el comienzo de su nombre -no sólo entre los griegos, sino también entre los hebreos-, es escrito con una yod, de manera que Jesús será la "coma una", la palabra de Dios en la ley que no es superada hasta que todo sea. Pero también pudiera ser la iota (como Él dice) los doce mandamientos de la ley, pues todo pasa pero ésos no pasan. Tampoco Jesús pasa; y si cae "sobre la tierra", cae voluntariamente, para "producir mucho fruto". Así el que es "una iota" o "una coma" tiene dominio sobre las cosas del cielo y sobre las cosas de la tierra. ORÍGENES, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 99.

LEY RESUMIDA EN EL EVANGELIO. Se nos prometen cielos nuevos y tierra nueva que hará el Señor Dios. Por tanto, si va a ser creado algo nuevo, lo antiguo debe desaparecer. Pero en lo que sigue: "No pasará ni la más pequeña letra o iota hasta que todo se cumpla", por la comparación con esa letra se nos muestra que también las cosas que se consideran mínimas en la Ley están llenas de misterios espirituales y que todo está recapitulado en el Evangelio. JERÓNIMO, Comentario al Ev. de Mateo, 1, 5, 18.

EL CUMPLIMIENTO DE LA LEY. Cuando habla un hombre sabio no deja detrás palabras vacías. Y ¿cómo entonces las palabras divinas pueden quedar vacías de contenido? Dios castiga al hombre si no hace lo que Él ha enseñado. ¿Acaso Cristo no dio cumplimiento a lo que dijo por medio de los profetas? Por consiguiente, Él cumplió la ley incluso en sus menores requisitos. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 10.

5, 19    Ése será grande en el Reino de los Cielos

MÁS ALLÁ DE LA LEY. Esta es una manera magnífica de introducir la superacón de las obras de la Ley, superacón que, sin abolirla, constituye un mejoramiento progresivo. En efecto, manifiesta que la entrada en el cielo es ofrecida a los apóstoles únicamente si superan la justicia de los fariseos. Así pues, una vez expuestas las prescripciones de la Ley, las supera perfeccionándolas, no aboliéndolas. HILARIO DE POITIERS, Sobre el Ev. de Mateo, 4, 16.

EL MÁS PEQUEÑO. ¿Por qué, pues, llama el Señor mínimos a sus mandamientos, cuando realmente son tan grandes y sublimes? La razón es porque era Él mismo quien introducía la nueva ley. Al modo como se humilló personalmente y tantas veces habla de sí modestamente, así lo hace también acerca de su ley: con lo que, una vez más nos repite la lección de la moderación. Por otra parte, como parecía persistir  aún la sospecha de novedad, emplea por entonces el Señor discretamete este lenguaje.
Como quiera, cuando le oímos llamar a ése mínimo en el reino de los cielos, no hay que entender otra cosa que el infierno y la condenación. Por reino, efectivamente, entiende el Señor no sólo la beatitud eterna, sino también el tiempo de la resurrección y su terrible advenimiento al final de los tiempos. A la verdad, ¿qué razón había para que quien llamó necio a su hermano y traspasó uno sólo de los mandamientos, caiga al infierno, y fuera en cambio admitido al reino de los cielos el que los infringió todos y hasta indujo a los otros a infringirlos? No dice eso el Señor, sino que el momento del juicio será mínimo, es decir, que será rechazado, que será el último. Y el último caerá entonces, infaliblemente, en el infierno. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 16, 4.

EL DESPRECIO DE LOS PRECEPTOS. Quien rechaza uno de los preceptos de la ley es rechazado delante de Dios como enemigo de Dios y legislador contra Dios. Y ahora recibe de la ley evangélica el castigo que la ley no había determinado antes. Por eso dice Cristo a continuación:"No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud". Lo que allí faltaba, aquí se ha completado. La ley dice: "En presencia del anciano permanecerás de pie" y "si ves caído bajo la carga del asno a tu enemigo, ayúdalo a levantarlo". Si alguno transgredía estos preceptos, la ley no determinaba ningún castigo. Completando Cristo la ley, dice que en el reino de Dios tal sujeto será despreciado. CIRILO DE ALEJANDRÍA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 48.

5, 20    Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos

LAS FALTAS DEL MAESTRO CORROMPEN LA ENSEÑANZA. Critica a los fariseos, que, despreciando los mandatos de Dios, establecían sus propias tradiciones; su enseñanza al pueblo no les sirve para nada si destruyen, por poco que sea, un precepto de la Ley. Podemos entender también que la ciencia de un maestro, si éste es culpable de un pecado, aunque sea leve, le hace perder el rango más elevado. Es inútil enseñar una justicia a la cual destruye la menor falta. La perfecta bienaventuranza consiste en realizar con obras lo que enseñas con la palabra. JERÓNIMO, Comentario al Ev. de Mateo, 5, 19.



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POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
NUEVO TESTAMENTO; v. 1a; pp. 150-153
 Obra preparada por
MANLIO SIMONETTI
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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Sal y luz



13"Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa ¿con qué se salará? No vale más que para tirarla fuera y que la pisotee la gente.
14"Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte; 15ni se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero para que alumbre a todos los de la casa. 16Alumbre así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos. (MATEO 5, 13-16)

5, 13    La sal de la tierra

COMIDAS CONDIMENTADAS CON SAL. La sal es útil para tantas cosas en la vida de los hombres. ¿Por qué hay que mencionarla también? Ahora es el momento adecuado para decir por qué los discípulos de Jesús son comparados con la sal. Creo que como la sal preserva la carne de corromperse en mal olor y gusanos y hace que sea utilizable por más tiempo, y si no, no duraría, de la misma manera los discípulos de Cristo sostienen este mundo y vencen sobre el mal olor de los pecados que proceden de la idolatría y de la fornicación. ORÍGENES, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 91.

5, 14    La luz del mundo

PRIMERO LA SAL, DESPUÉS LA LUZ. Vosotros sois la luz del mundo. Nuevamente se nos habla del mundo; no de una sola nación ni de veinte ciudades, sino de la tierra entera; se nos habla de una luz inteligible, mucho más preciosa que los rayos del sol, como también la sal había que entenderla en sentido espiritual. Y pone el Señor primero la sal, y luego la luz para que te des cuenta de la utilidad de las palabras enérgicas, y el provecho de una enseñanza seria. Ella nos ata firmemente y nos permite disolvernos. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 15, 7.

5, 15    Ni se enciende una luz

LAS LUMBRERAS DEL MUNDO. Esta ciudad ha sido puesta sobre un monte: esto es, los apóstoles, los profetas y los otros doctores, instruidos en Cristo. Pues el monte es Cristo, de quien dice Daniel: "He aquí que una piedra se desgajó sin que la moviese ninguna mano y se hizo un monte grande y ocupó toda la tierra". 
Ahora quiere mostrar por medio de otra comparación por qué el mismo Cristo se manifiesta a sus santos y no deja que estén escondidos. Y esto es porque no hay quien encienda una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino sobre un candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. ¿Quiénes son los que encienden la lámpara? El Padre y el Hijo. ¿Cuál es esa lámpara? La palabra divina de la que se ha dicho. "Tu palabra es una lámpara para mis pies". Para que brille, esto es, se manifieste e ilumine a los que están en la casa, bien de la Iglesia, bien de todos los humanos. ¿Cuál es el candelero? La Iglesia que lleva la palabra de vida. En consecuencia, dice también Pablo: "En donde resplandecéis como lumbreras del mundo, conservando la palabra de vida". Por lo mismo también cada miembro de la Iglesia que posee la palabra de Dios es llamado candelero. Por el contrario, las personas mundanas, vacías de Dios y de todo lo que es Dios, son como celemines. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 10.

15, 16    Alumbre así vuestra luz ante los hombres

EL CUERPO HACE QUE LA LUZ BRILLE. Pone la luz debajo de un celemín todo aquel que oculta y obscurece la luz de la buena doctrina con las comodidades o ventajas temporales. "Sino sobre un candelero". Por consiguiente, sobre un candelero coloca la luz aquel que subordina su cuerpo al servicio de Dios, de manera que ocupe lugar superior la predicación de la verdad, e inferior el servicio y provecho del cuerpo. Sin embargo, la misma servidumbre del cuerpo hace brillar excelsamente la doctrina, la cual por las funciones del cuerpo, esto es, por la voz, la lengua y todos los demás movimientos del cuerpo, que contribuyen a las buenas obras, se insinúa en el espíritu de los creyentes. AGUSTÍN, Sermón del Señor en la Montaña, 1, 6, 17.


LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
NUEVO TESTAMENTO; v. 1a; pp. 144-149
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Las bienaventuranzas



3Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el Reino de los Cielos.
4Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados.
5Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra.
6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados.
7Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.
8Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios.
9Bienaventurados los pacíficos, porque serán llamados hijos de Dios.
10Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque suyo es el Reino de los Cielos.
11Bienaventurados cuando os injurien, os persigan y, mintiendo, digan contra vosotros todo tipo de maldad por mi causa. 12Alegraos y regocíjaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo: de la misma manera persiguieron a los profetas antes de vosotros. ( MATEO 5, 3-12)

5, 3    Los pobres de espíritu

LOS POBRES DE ESPÍRITU. Aunque el evangelista Lucas habla en parte de las mismas bienaventuranzas, sin embargo las expuestas aquí son más perfectas. Porque aquéllas fueron enseñadas en el campo y éstas en el monte a los perfectos. Aquéllas a los imperfectos, éstas a los perfectos y a los dirigentes de los pueblos, como fueron los apóstoles, a quienes fueron enseñadas. Allí nos extendimos a explicar sus diferencias. Lucas habla simplemente de los pobres, Mateo de los pobres de espíritu. Pobre de espíritu y humilde de corazón. Es pobre de espíritu quien tiene poco aprecio de sí. Y al contrario, es rico de espíritu el que se tiene en gran aprecio a sí mismo, y es soberbio porque no cumple el mandato de Cristo. "Si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el reino de los cielos". Quien, ya convertido, se ha hecho como un niño, ése es probre de espíritu. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 9.

5, 4    Los que lloran

UN LLANTO QUE NO REPARA EL PECADO. No se refiere aquí al llanto de los muertos según la ley común de la naturaleza, sino a los muertos por sus pecados y vicios. Así lloró Samuel a Saul, porque Dios se había arrepentido de haberlo ungido rey de Israel; así el apóstol Pablo dice que llora y se aflige por los que después de sus fornicaciones e inmundicias no han hecho penitencia. JERÓNIMO, Comentario al Ev. de Mateo, 1, 5, 5.

5, 5    Los mansos

PACIENTE EN LAS OFENSAS. La persona mansa ni provoca el mal ni es provocada por el mal. Las cargas del pecado no prevalecen contra tales personas, puesto que ellos no son la causa del pecado. El manso es aquel que se alegra más en sufrir la ofensa que en cometerla. Pero, al menos que uno no tema ser ofendido, no podrá mantenerse sin pecado. Lo mismo que la cizaña nunca falta en el campo, los provocadores nunca faltan en el mundo. En verdad, es auténticamente manso aquel que, habiendo sido ofendido, ni hace el mal ni piensa en hacerlo. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 9.

5, 6    Los que tienen hambre y sed de justicia

EL APASIONADO POR LA JUSTICIA. No nos enseñó a buscar con un deseo sin fatiga o una especie de liviano ardor, sino que indica como bienaventurados a aquellos que, para alcanzarla, como si tuvieran hambre y sed, no pueden hacer ya otra cosa que pensar siempre en la justicia, buscar la justicia; porque al que tiene hambre y sed le es necesario ansiar aquello por lo que siente hambre y sed. CROMACIO DE AQUILEYA, Comentario al Ev. de Mateo 17, 5, 1.

5, 7    Los misericordiosos

MISERICORDIA CON LOS ENEMIGOS. Misericordioso no es sólo aquel que da limosna al pobre, al huérfano o a la viuda. Este tipo de misericordia se encuentra incluso en aquellos que apenas conocen a Dios. Es verdaderamente compasivo quien muestra compasión incluso con su propio enemigo y le hace el bien, en consonancia con aquello de la Escritura que dice: "Amad a vuestros enemigos, haced el bien a quienes os odian". Recuerda que Dios hace llover y ordena que brille su sol, no sólo sobre los buenos, sino también sobre los ingratos. Y por eso también dice: "Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso". Realmente esa persona es bienaventurada, porque si no tiene pecado -lo que es difícil entre los hombres-, la gracia de Dios le ayuda a crecer en justicia; y si lo tiene, a la remisión del pecado. Por eso puede decir confiadamente: Perdona mis deudas así como yo perdono a mis deudores. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 9.

5, 8    Los limpios de corazón 

LA PROMESA DE VER A DIOS. He aquí ahora un premio espiritual. Limpios llama aquí el Señor a los que poseen la virtud en general y no tienen conciencia alguna de pecado, o a los que vieven en castidad. Nada hay, efectivamente, más necesario para ver a Dios que esta virtud de la castidad. De aquí que Pablo dijera: "Buscad la paz con todos y guardad la castidad, sin la cual nadie verá al Señor". La visión de que aquí habla Jesús es, naturalmente, la que puede tener el hombre. Hay muchos que dan limosna, no roban ni son avariciosos, pero viven deshonesta y disolutamente. Pues bien, para hacer ver que no basta con lo primero, añadió el Señor lo segundo. Es el testimonio que Pablo dio sobre los macedonios, escribiendo a los corintios: no sólo eran ricos en la limosna, sino también en las otras virtudes. Después de hablar, efectivamente, de su fervor en el asunto de dinero, dice el Apóstol: "Se entregaron al Señor y a nosotros". JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 15, 4.

5, 9    Los pacíficos

EL PACIFICADOR. Pacífico es el que muestra a los otros que la aparente contradicción de las Escrituras es la armonía de las antiguas con las nuevas, de la ley con los profetas, de los Evangelios entre ellos. Por esto imitando al Hijo de Dios "se llamará hijo", recibiendo por su obra "el Espíritu de filiación adoptiva". CIRILO DE ALEJANDRÍA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 38. 

5, 10    Los que padecen persecución

PERSECUCIÓN POR CAUSA DE LA JUSTICIA. Con razón recordó antes el Señor que había que tener hambre y sed de la justicia; y al desearla, nos enseña a tener una sed tal que por su causa debemos despreciar la persecución del mundo, las penas del cuerpo y hasta la misma muerte. El significado de esto se aplica principalmente a los mártires, que a causa de la justicia de la fe y del nombre de Cristo soportan las persecuciones del mundo; a ellos se les promete una gran esperanza, que es la posesión del reino de los cielos. Los apóstoles fueron los primeros en esta bienaventuranza, y también todos los justos que,  afligidos por varias persecuciones a causa de la justicia de la ley, llegaron por mérito de su fe a los reinos celestes. CROMACIO DE AQUILEYA, Comenatrio al Ev. de Mateo, 17, 8, 1-2. 

5, 11    Cuando os injurien

CUANDO UNO ES ULTRAJADO. Después habló de sufrir pacientemente la persecución, como si alguien preguntara a Dios: Señor, ¿Qué pasa si al sufrir la persecución no fuera por ti o por tu justicia, sino por la afrenta y la blasfemia de los hombres infames? Bienaventurados seréis -dice- no sólo cuando sufráis persecución, sino cuando seáis reprochados por los hombres. He aquí que muchos hombres se vueleven enemigos nuestros debeido a nuestra creencia en Dios, y no nos persiguen abiertamente, quizá porque no pueden. No obstante, nos envuelven totalmente, nos caluminian y dicen de nosotros cosas deplorables. "Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y os calumnien por causa mía". Así como es cierto que no quedará sin recompensa quien nos diera un vaso de agua compasivamente, así, si alguien nos hiciera una ijuria, incluso con una sola palabra, ligera, nuestra alma no quedará falta de premio. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 9.

5, 12    Vuestra recompensa será grande

PACIENCIA EN LA PERSECUCIÓN. Todo lo que puede inventar la malicia de los perseguidores contra los justos en tiempo de persecución por el nombre de Cristo, los diversos aprobios que pueden inflingirse o los castigos que se pueden inferir al cuerpo, no sólo debemos soportarlos pacientemente, sino incluso recibirlo con gozo y júbilo a causa de la gloria futura. Esto dice en efecto: "Alegraos en aquel día y saltad de júbilo; os digo que vuestra recompensa es grande en los cielos". ¡Qué glorioso soportar esta persecución, cuya recompensa dice el Señor que está colocada en los cielos! Y por esto, mirando atentamente el premio de la gloria que se pone delante, debemos estar preparados para soportar todo tipo de sufrimiento con fe devota, para que merezcamos compartir la gloria de los profetas y los apóstoles. CROMACIO DE AQUILEYA, Comentario al Ev. de Mateo, 17, 9, 2-3.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
NUEVO TESTAMENTO; v. 1a; pp. 130-143
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Prólogo al Sermón de la Montaña



1Al ver Jesús a las multitudes, subió al monte; se sentó y se le acercaron sus discípulos; 2y abriendo su boca les enseñaba... ( MATEO 5, 1-2 )

5, 1    Subió al monte

ATRAER CONSIGO A LAS GENTES HACIA LAS ALTURAS. El Señor sube a los montes para atraer consigo a las multitudes hacia las alturas, pero las multitudes no tienen fuerza para subir. Lo siguen los discípulos, pero aun a ellos les habla no de pie, sino sentado y como retenido. Pues no podían entenderlo en el esplendor de su majestad. Siguiendo la letra, algunos hermanos muy simplistas piensan que predicó las bienaventuranzas y todo lo que sigue en el monte de los Olivos. Pero en modo alguno es así. Por lo que precede y lo que sigue, deducimos que fue en un lugar de Galilea: el monte Tabor, según pensamos, o algún otro monte elevado. Finalmente, después que terminó su discurso sigue de inmediato: "Al entrar en Cafarnaún". JERÓNIMO, Comentario al Ev. de Mateo, 1, 5, 1.

ASCENSIÓN A LAS ALTURAS. El Señor, que iba a conducir a sus discípulos de lo terreno y lo bajo a lo alto y excelso, subió con ellos a un monte, que sin duda era el de los Olivos, para mostrar por el significado de este mismo vocablo el don de su misericordia divina. Subió, pues, el Señor al monte para transmitir a sus discípulos, que estaban abandonando las cosas terrenas y buscando las de arriba, como a quienes se hallan ya en lo alto, los preceptos de los mandatos celestes; y para prodigar con un don divino las bendiciones antaño previstas, según lo que David había declarado con antelación diciendo: "Pues dará las bendiciones quien dio la ley". CROMACIO DE AQUILEYA, Comentario al Ev. de Mateo, 17, 1, 1-2.

EL MONTE DE MOISÉS Y EL SERMÓN DE LA MONTAÑA. Si alguno me pregunta qué significa este monte, yo responderé que puede muy bien verse en él una figura de la mayor perfección que tienen los preceptos de justicia allí dados comparándolos con los que habían sido dados a los judíos, cuya perfección era menor. Porque Dios uno, en conformidad con su ordenadísima distribución de los sucesos en los tiempos, dio, por medio de los santos profetas y siervos suyos, preceptos menos perfectos al pueblo que aún convenía sujetar con temor, y por medio de su Hijo dio mandamientos mucho más perfectos al pueblo que con amor había querido liberar. AGUSTÍN, Sermón del Señor en la Montaña, 1, 1, 2.

LA VIRTUD ESPIRITUAL EXIGE UN LENGUAJE ELEVADO. ¿Acaso no podía haber predicado en un lugar donde ya se encontraba la gente? Son dos las razones por las que subió al monte. La primera, para cumplir la profecía de Isaías: "Súbete a un monte bien alto, tú que traes buenas noticias a Sión". La segunda, para dar a conocer el misterio de la piedad. Su subida expresa la grandeza de sus virtudes. Por lo tanto subió al monte para mostrarnos que quien enseña la justicia de Dios debe estar en las altas cumbres de las virtudes espirituales; y lo mismo el que escucha. El que enseña ha de ser él mismo ejemplo de sus palabras, para que enseñe más con las obras que con las palabras, según aconseja el Apóstol a Timoteo: "Debes ser, más bien, un modelo para los fieles". En cambio, quien camina por el valle estrecho de la vida terrena, recorre senderos oscuros y pronuncia discursos elevados; él no instruye a los demás, sino que se castiga a sí mismo. Nadie puede situarse en el valle y hablar desde el monte: habla desde el lugar en el que estás o quédate allí desde donde hablas. ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 9.

SEMEJANZA ENTRE LA IGLESIA Y LA MONTAÑA. Llama monte a la Iglesia, de la que dice el profeta: "Monte de Dios es el monte Basán". Luego Cristo subió al monte para entregar a sus discípulos el misterio de la verdad, dando a entender que todo el que quiera aprender los misterios de la verdad ha de acercarse al monte de la Iglesia: pero no a cualquier monte, sino a un monte fecundo. Porque también existen los montes de los herejes, que no son montes fecundos, sino embotados. En ellos no se reciben los misterios de la verdad, sino que están llenos de mentira, que destruye la verdad. El Espíritu Santo reprende a quienes se acercan a tales montes, por medio del profeta: "¿Por qué miráis celosas al monte en que Dios quiso habitar?". Se dice que las iglesias de los herejes están cuajadas, porque están embotadas, porque "como grasa su corazón está embotado". ANÓNIMO, Obra incompleta sobre el Ev. de Mateo, 9.

INVITACIÓN DE ENTRADA PARA TODOS. Y para mostrar más abiertamente la gracia concedida a los apóstoles y el origen de esta bendición tan grande, añadió [David]: "Caminarán de virtud en virtud, se verá al Dios de los dioses en Sión", a saber, al Hijo de Dios, que dio en Sión las bendiciones a los apóstoles. Pues el mismo que entregó antaño la ley a Moisés en el monte Sinaí dio la bendición a los apóstoles en este monte, probando que él es autor de ambas leyes... Y eso que antiguamente, cuando se dio la ley junto al monte, le estaba prohibido al pueblo acercarse; mientras que ahora que el Señor enseña en el monte no se le prohibe a nadie; más aún, todos son invitados a escuchar, porque en la Ley está la severidad, en el Evangelio la gracia; allí se infunde terror a los incrédulos, aquí se derrama en los creyentes el don de la bendición. CROMACIO DE AQUILEYA, Comentario al Ev. de Mateo, 17, 1, 3-4.

5, 2    Abriendo su boca les enseñaba

PRONTITUD EN LA ESCUCHA. ¿Por qué añade el evangelista esta expresión: "Abriendo su boca"? Para que os deis cuenta de que también callando enseñaba, no sólo hablando. Unas veces nos adoctrinaba abriendo su boca, otras, con la voz de sus obras. Y cuando el evangelista dice: "Les enseñaba", no penséis que hablaba sólo con sus discípulos, sino que por ellos se dirigía a todos sin excepción. Como aquella muchedumbre estaba compuesta de gentes del pueblo y hasta gentes rastreras, el Señor, que tenía allí el coro de sus discípulos, a éstos dirige en primer término sus razonamientos; mas lo que intenta, al hablar primeramente con ellos, es que su doctrina no resulte odiosa a todos los demás, que tan necesitados estaban de su divina enseñanza. JUAN CRISÓTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 15, 1.



LA BIBLIA COMENTADA
POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
NUEVO TESTAMENTO; v. 1a; pp. 128-130
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LAS TENTACIONES DE JESÚS



1Entonces fue conducido Jesús al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. 2Después de haber ayunado cuarenta días con cuarenta noches, sintió hambre. 3Y acercándose el tentador le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes". 4Él respondió: Escrito está:
"No sólo de pan vivirá el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
5Luego, el diablo lo llevó a la Ciudad Santa y lo puso sobre el pináculo del Templo. 6Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate abajo. Pues escrito está:
"Dará órdenes a sus ángeles sobre ti,
para que te lleven en sus manos,
no sea que tropiece tu pie contra alguna piedra".
7Y le respondió Jesús: Escrito está también: "No tentarás al Señor tu Dios". 8De nuevo lo llevó el diablo a un monte muy alto y le mostró todos los reinos del mundo y su gloria, 9y le dijo: "Todas estas cosas te daré si postrándote me adoras". 10Entonces le respondió Jesús: "Apártate, Satanás, pues escrito está:
"Al Señor tu Dios adorarás
y solamente a Él darás culto".
11Entonces le dejó el diablo, y los ángeles vinieron y le servían. ( Mateo 4, 1-11)

4, 1    Fue conducido Jesús al desierto

LA TENTACIÓN DE ADÁN INVERTIDA. Puesto que Adán se topó con la gula en el paraíso y se desvió hacia lo malo por medio del engaño, era forzoso que "lo condujera al desierto" para debilitar el vigor del diablo con una fuerza mayor, ayunando durante cuarenta días y cuarenta noches. TEODORO DE MOPSUESTIA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 17.

4, 2   Después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches

ELÍAS AYUNÓ CUARENTA DÍAS. Cuando Cristo "pasó hambre", como está escrito, el diablo se puso a tentarlo. Tampoco ha de extrañar mucho un ayuno de cuarenta días, sabiendo que Elías había ayunado ese mismo tiempo. Por eso el diablo se atrevió a lanzarse contra Él, pues creía que era alguien semejante a Elías, y no Dios. TEODORO DE MOPSUESTIA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 18.

4, 3    La primera tentación

EL MANDATO DE CONVERTIR LAS PIEDRAS EN PAN. Queriendo Satanás inducir a Cristo a la pasión de la vanagloria, no le dijo: come, sino haz un milagro. Hizo esto no para ayudarlo, sino, como dije, para inducirlo a la vanidad. Sabiendo Cristo esto, no le obedeció. Y a los fariseos que con este mismo propósito deseaban ver un milagro realizado por Él, tampoco les obedeció. En efecto, no se acercaban con un corazón puro a Él, como Dios, sino que lo tentaban como hombre. Sirva, pues, esta infalible regla para los santos ante los incrédulos o ante los que tientan: no buscar el propio prestigio haciendo algo que no tiene utilidad. CIRILO DE ALEJANDRÍA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 32.

4, 4    No sólo de pan vivirá el hombre

NO SÓLO DE PAN. El primer Adán pecó por causa de la comida; Cristo, por medio de la moderación, vence y enseña que no debemos separarnos de Dios aun en el caso de que pasemos hambre; esto es una promesa también de nuestra condición futura, que tuvo su comienzo en Cristo: que los hombres vivirán sin alimento. TEODORO DE HERACLEA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 22.


4, 5-6    La segunda tentación

EL DIABLO INTERPRETA MAL LA ESCRITURA. "Tírate abajo". Palabras del diablo, que siempre desea que todos caigan. "Tírate", dice; puede persuadir, pero no precipitar. "A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna". Leemos esto el salmo noventa. Pero allí esta profecía no se refiere a Cristo sino al hombre justo. Por tanto el diablo interpreta mal las EScrituras. Din duda, si hubiera sabido verdaderamente que este salmo estaba escrito acerca del Salvador, debería haber agregado lo que sigue, que está dirigido contra él mismo: "Pisarás sobre el león y la víbora, hollarás al leoncillo y al dragón". Habla de la ayuda de los ángeles como interpelando a un ser débil, pero, astuto como es, calla que será pisoteado.
Jesús le dijo: También está escrito: "No tentarás al Señor tu Dios". Rechaza las flechas falsas que el diablo toma de las Escrituras con los escudos verdaderos de las Escrituras. Observemos que toma sólo del Deuteronomio las citas que necesita para manifestar los misterios de la segunda ley. JERÓNIMO, Comentario al Ev. de Mateo, 1, 4, 6-7

4, 7    No tentarás al Señor tu Dios

TENTACIÓN SUPERADA MEDIANTE LA PACIENCIA. ¿Cómo, pues, no se irritó ni se indigno Criso, sino que nuevamente, con modestia, le contesta con otro texto de las Escrituras diciendo: "No tentaras al Señor, Dios tuyo"? Es que quería enseñarnos que al diablo hay que vencerle no por medio de milagros, sino por la paciencia y la longanimidad; y que, por otra parte, nada absolutamente debemos hacer por ostentación y ambición de gloria. JUAN CRISÓSTOMO, Homilías sobre el Ev. de Mateo, 13, 3.

4, 8    La tercera tentación

LA ECONOMÍA DE DIOS SE EXPRESA TAMBIÉN EN LA TENTACIÓN. Que el diablo "condujera" a Jesús ha de ser entendido en términos de economía salvífica. Desde el momento en que Cristo desea hacer esto y procura que ocurra, se está cumpliendo el plan de Dios, la derrota clara de quien se propone inútilmente tentarlo. También en el caso de Job dice la Escritura: "Dijo el diablo al Señor". Pero ¿quién va a ser, ciertamente, tan necio como para pensar que el diablo dialoga con Dios? Sin embargo, Dios consintió que lo probara para mostrar la fortaleza de Job. Por ello se le asigna de esta manera al diablo lo que en realidad ocurre por voluntad de Dios en el marco de su plan salvador para nosotros. "Le mostró" evidencia que no le enseñaba de forma material, puesto que no es posible encontrar una montaña tan alta como para que desde ella pueda ver el mundo entero quien lo desea, sino que se lo mostraba de forma imaginaria, como usualmente muestran los demonios la mayoría de las cosas, puesto que es característica distintiva de quienes saben bien engañar que muestren muchas cosas que ni son ni ocurren, como si fuera y ocurriera. TEODORO DE MOPSUESTIA, Fragmentos sobre el Ev. de Mateo, 22.

4, 9   Todas las cosas te daré

LAS TRES TENTACIONES. Considerando con atención el orden que sigue el demonio en sus tentaciones, veamos con qué grandeza somos librados de ellas. Con tres géneros de tentaciones incitó nuestro enemigo común a nuestro primer padre, a saber: con la gula, con la vanagloria y con la avaricia; pero al tentarlo lo venció, porque lo sometió por el consentimiento. Lo tentó con la gula cuando le enseñó la fruta del árbol prohibido y le aconsejó que comiera de ella. Lo tentó con la vanagloria cuando le dijo: "Seréis como dioses". Y lo tentó con la avaricia cuando le dijo: "Conoceréis el bien y el mal". Porque no sólo la avaricia es el deseo de riqueza, sino también el deseo de ocupar puestos elevados. Con razón, pues, se califica de avaricia el deseo inmoderado de ser más. Si el robo del honor no fuera avaricia, de ninguna manera hubiera dicho san Pablo del Hijo unigénito de Dios: "No juzgo robo el considerarse igual al Padre". El diablo llegó hasta hacer ensoberbecerse a nuestro primer padre, porque excitó en él la codicia de la preeminencia.
Pero por los medios con que el diablo venció al primer hombre, por los mismos fue vencido por el segundo hombre tentado. Lo tentó por la gula cuando le dijo: "Di que estas piedras se conviertan en pan". Lo tentó por la vanagloria diciendo: "Si eres Hijo de Dios, échate abajo". Lo tentó por la avaricia cuando, enseñándole todos los reinos de este mundo, le dijo: "Todas estas cosas te daré si, postrándote, me adoras". Mas por los mismos modos con que se gloriaba de haber vencido al primer hombre, fue vencido por el segundo; para que salga aprisionado de nuestros corazones por la entrada misma por donde se había introducido en ellos y nos tenía prisioneros.
Debemos considerar otra cosa, hermanos carísimos, en las tentaciones que experimentó el Señor, a saber: que, tentado por el diablo, le contestó con el precepto de la divina Sabiduría, y el que podía con una sola palabra haber sumergido en el profundo abismo a su tentador, no quiso manifestar la fuerza de su poder: sólo opuso a sus sugestiones los preceptos divinos consignados en la sagrada Escritura, para darnos un ejemplo de paciencia y para que siempre que suframos alguna cosa por parte de los hombres nos excitemos más bien a enseñar que a tomar venganza. Considerad bien cuánta es la paciencia de Dios y cuánta nuestra impaciencia. Si nosotros somos provocados por alguna injuria o por algún daño, impulsados por el furor, o nos vengamos cuanto podemos o amenazamos de hacer lo que no podemos. Ved, pues, de qué manera toleró el Señor las tentaciones del demonio, y que nada opuso a sus sugestiones más que palabras de mansedumbre. Tolera al que podía castigar, para que esta conducta cediera más en la alabanza suya si vencía a su enemigo, no destruyéndolo sino consintiéndolo. GREGORIO MAGNO, Homilías sobre los Evangelios, 16, 2-3. 




La Biblia comentada
por los Padres de la Iglesia
Nuevo Testamento, vol 1a; pp. 102-110
Obra preparada por
MANLIO SIMONETTI
Editor general
THOMAS C. ODEN
Director de la edición en castellano
MARCELO MERINO RODRÍGUEZ

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